EL LEÑADOR Y EL APRENDIZ

by on Mar.09, 2013, under Cuentos didácticos

En Alaska, existe una competición que es tan popular como el fútbol en Europa: se trata del campeonato de cortadores de leña. Consiste en una maratón de ocho horas de duración en la que se premia a quien corta más madera.

Había un leñador que había vencido en muchas ocasiones y que se había hecho famoso en todo el país; era un verdadero maestro en su oficio. Durante uno de esos campeonatos, un joven lo vio cortar troncos y quedó impresionado por su capacidad y su agilidad. De modo que al terminar la competición, fue a verlo y le dijo:

“Quiero aprender a cortar leña como usted”.

“Perfecto”, le respondió el el maestro. “Quédate conmigo un tiempo practicando y te enseñaré lo que sé”.

El joven entusiasmado, puso mucho empeño y fue aprendiendo y mejorando hasta que un día pensó que era capaz de vencer a su maestro. Claro, llega un momento en que cualquier discípulo piensa que ya es mejor que su maestro. De modo que desafió al viejo leñador con estas palabras:

“ Creo que ya sé cortar madera mejor que usted, pues soy joven y fuerte, mientras que usted es viejo y está cansado. Le doy las gracias por todo lo que me ha enseñado, y quiero proponerle un reto: cortaremos leña durante ocho horas, y el que más corte, será el ganador”

“Perfecto, hijo mío. Como tú digas”, respondió el viejo leñador.

Y así se organizó y se fijó una fecha para la competición, a la que asistieron gentes de distintas regiones del país. Los dos leñadores se pusieron a cortar troncos bajo las curiosas miradas de los espectadores. El joven cortaba con gran rapidez y, de vez en cuando, se detenía para ver cómo le iba al viejo. Y la mayoría de veces que miraba, el viejo estaba sentado, con el hacha en la mano, y no cortaba leña.

“Pobre viejo”, pensaba el joven cuando lo veía parado; “está cansado, ya no tiene la energía de otros tiempos. Ahora el mejor leñador soy yo”.leñador2

Y seguía cortando leña tan rápido como podía, y de vez en cuando aún echaba miradas al viejo, que seguía parado, con su hacha en la mano. Y así transcurría el día. Cuando se dio por finalizada la competición, convencido de su victoria, el joven fue a comprobar la leña que cada uno había cortado. Y allí estaba el montón del viejo, mucho más alto que el suyo. No entendía nada, no podía dar crédito a lo que sus ojos veían; volvió a comparar los montones, y el del viejo era a todas luces mayor. Extrañado, fue a ver al viejo leñador y le preguntó qué había ocurrido.

“¿Cómo puede ser que su montón sea mayor que el mío?, le preguntó. “Siempre que le miraba, estaba usted sentado, descansando, así que, ¿cómo es posible que me ganara?”

“No estaba descansando”, le explicó el viejo, “Te equivocas. Afilaba el hacha…. Pero tú estabas tan entusiasmado cortando leña que te olvidaste de que después de cortar un poco había que afilarla de nuevo”

Moraleja: Estamos tan inmersos, tan concentrados en trabajar y trabajar, que no nos damos cuenta de que, de vez en cuando hay que parar para estudiar, hacer un refuerzo, o simplemente para observar a nuestro alrededor y aprender a sacar el máximo partido a lo que hacemos, dándonos una oportunidad de preguntarnos si vamos por buen camino.

 

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