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OFENSAS

by on Ene.23, 2013, under Cuentos didácticos

      Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter.

    Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

     El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
     Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.Clavo1

     Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.
    Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.

Le dijo: “has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta.  Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.”
“Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas le devastará, y la cicatriz perdurará para siempre”. “Recuerda que incluso una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física”.

 

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LA FURIA Y LA TRISTEZA

by on Ene.10, 2013, under Cuentos didácticos

   En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

    En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas … Había una vez  … un estanque maravilloso.

    Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

   Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.

    Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron en el estanque.

  La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida -sin saber por qué-, se bañó rápidamente y, más rápidamente aún, salió del agua…

   Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró…

   Y sucedió que aquel vestido no era el suyo, sino el de la tristeza… Y así, vestida de tristeza, la furia se fue.

furia-y-tristeza-copia

  Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa -o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.


Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no 
le gusta es quedar al desnudo.     En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba.

     Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.

   Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada.

    Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad…..

 

…. está escondida la tristeza.

 

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