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El sabor, aliado y enemigo de la salud

by on Abr.21, 2013, under Noticias

Diversos genes se han asociado a variaciones en el sentido del gusto. El olfato y el gusto pueden influir en el desarrollo de obesidad y anorexia.

El componente genético de la percepción del sabor modula los gustos y las preferencias de cada persona, influyendo en sus hábitos dietéticos y, por lo tanto, en su salud. El término supergustador (supertaster), que no cuenta con la aprobación de toda la comunidad científica, se ha generalizado en los últimos años para designar a aquellas personas que experimentan sensaciones gustativas más intensas que el resto y, de forma característica, tienen una mayor sensibilidad para apreciar los sabores amargos.supertaster

Una de las investigadoras pioneras en este campo, Linda Bartoshuk, del Centro para el Olfato y el Gusto de la Universidad de Florida, ha explicado a Diario Médico los principales rasgos de los supergustadores: “Se cree que es una condición genética y probablemente están implicados diversos genes. Está asociada a una menor preferencia por las verduras y, por eso, está relacionada con un mayor riesgo de cáncer de colon. Los supergustadores tienden a beber y fumar menos, lo que reduce su riesgo de cáncer de cabeza y cuello”. Por otra parte, se ha observado que estas personas “se inclinan en menor medida por las comidas ricas en grasas e hidratos de carbono, lo que reduce su riesgo de enfermedad cardíaca”.
¿Eso es todo? Ni mucho menos. La investigación en este terreno se remonta a hace dos décadas, pero aún queda mucho terreno por recorrer y todos los frentes siguen abiertos.

Gen TAS2R38
Uno de los equipos con más experiencia en la relación entre gusto y genética es el de Paolo Gasparini, de la Universidad de Trieste (Italia), que ha comprobado que algunos aspectos, como el sabor amargo, están más fuertemente asociados a componentes genéticos. En este sentido, se ha visto que ciertas variantes del gen TAS2R38 predisponen a una mayor sensibilidad hacia ese tipo de sabor. Pero ni este gen está únicamente asociado al sabor amargo ni es el único que se ha investigado.

Gasparini y sus colaboradores publicaron hace unos meses un estudio en Journal of Food Sciences sobre la genética de las preferencias alimenticias en el Cáucaso y Asia Central. Hallaron asociaciones significativas entre variantes del gen TAS1R2 y el gusto por el vodka, el vino blanco y la carne de cordero; entre PCLB2 y la preferencia por el té caliente;TPRV1 se asociaba al gusto por la remolacha; y ITPR3 tanto a la carne de cordero como al queso de oveja.

En España, uno de los equipos científicos que trabajan en este ámbito es el de Fernando Fernández-Aranda y Susana Jiménez Murcia, del Ciber de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) y del Hospital de Bellvitge, en Barcelona. La mayoría de los estudios sobre la influencia del gusto y el olfato en la conducta alimentaria se llevan a cabo en población general, pero el grupo de Fernández-Aranda se centra en las situaciones extremas: la anorexia nerviosa y la obesidad.

Otros factores
Partiendo de los trabajos en población general, el investigador barcelonés postula que es lógico pensar que quienes tienen una menor capacidad gustativa ingieran una mayor cantidad de comida para obtener la misma sensación gustativa que el resto y tengan más problemas de obesidad. Sin embargo, advierte: “Las cosas no son tan simples y no sólo dependen del gusto. También están implicados, entre otros, el olfato o aspectos como el sistema de recompensa a nivel cerebral”. Además, hay que contar con el componente cultural.

En todo caso, apunta que “lo que se suele apreciar es que las personas más obesas tienen una menor capacidad para detectar determinados sabores y, generalmente, el salado es el que discriminan menos”.
El estudio de la influencia del gusto y el olfato puede ayudar al tratamiento. “En los trastornos alimentarios hay más rechazo emocional a determinados gustos o sabores”, indica Fernández-Aranda. “En la anorexia, el dulce se asocia al aumento de peso y debemos incorporar al tratamiento el nivel de sensibilidad ante ciertos sabores, independientemente del componente calórico”.

Tampoco hay que perder de vista los trabajos del equipo de Valerie Duffy, de la Universidad de Connecticut, sobre cómo influyen las variaciones en la percepción quimiosensorial en el sabor de la comida, las preferencias culinarias y la ingestión de comida. Y, por supuesto, cómo afectan a los hábitos dietéticos y, en última instancia, a la salud.

Enlace Original: http://genetica.diariomedico.com/2013/04/08/area-cientifica/especialidades/genetica/sabor-aliado-y-enemigo-salud

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El ejercicio de fuerza muestra beneficios en anorexia nerviosa

by on Abr.08, 2013, under Noticias

La Universidad Europea y el Niño Jesús, de Madrid, analizan su efecto. La intervención tiene valor terapéutico siempre unido a la psicoterapia.

El ejercicio de fuerza controlado produce mejoras fisiológicas, psicológicas y sociales en pacientes con anorexia nerviosa restrictiva, mejorando la capacidad funcional y produciendo una evolución psicológica positiva, según una investigación incluida en la tesis de María Fernández del Valle, del Centro de Excelencia de Investigación en Actividad Física y Deporte de la Universidad Europea de Madrid, y liderada por este centro y el Hospital Niño Jesús, de Madrid.espejo2

Según han explicado a DM Margarita Pérez, investigadora de la Universidad Europea, y Gonzalo Morandé, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño Jesús, la investigación contó con 38 niñas con una edad media de 12,81 años, que habían sido dadas de alta y pasaban al Hospital de Día. “El grupo no era compulsivo al ejercicio. Es sorprendente, ya que casi todas las niñas usaban la baja ingesta para adelgazar y pocas sumaban el ejercicio para conseguirlo”, dice Pérez.

La bajada de peso y la desnutrición producen “la pérdida de masa muscular, ósea y magra. No hay recuperación sin alimentación y sin ejercicio. No son convenientes los reposos absolutos”, dice Morandé. En ello coincide Pérez, para quien el gran beneficiado de la intervención es el hueso. “El ejercicio de fuerza controlado promueve el mantenimiento y la mejora de la masa muscular, evitando la sarcopenia propia de la inactividad y la desnutrición, y mejora de forma indirecta la masa ósea”, la postura y la cifosis.

Entrenamiento
La parte central del entrenamiento constó de 8 ejercicios de fuerza de grandes grupos musculares en máquinas dirigidas: prensa de banca, prensa de pierna, remo dorsal, remo alto y extensión de una pierna. Se realizaron tres series de 8-10 repeticiones y periodos de descanso de 1-2 minutos. “Durante éstos los pacientes realizaron estiramientos específicos. La carga se aumentó gradualmente del 5 al 10 por ciento”, dice Pérez.

Por otro lado, en esta fase de la patología no se recomienda el ejercicio cardiovascular, ya que supone un mayor gasto calórico y, por consiguiente, una mayor ingesta. “El ejercicio va unido a terapia psicológica, clave fundamental para el éxito del programa”, dice Pérez.

Según Morandé, tras la intervención no hubo recaídas y la recuperación nutricional continuó, además de producirse una recuperación muscular y un aumento de la calidad de vida, reflejado en la Escala de Componente Mental y en el ítem de Función Social. Además, según los resultados del trabajo, que ha recibido el IIPremio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte, que otorga la Universidad de Oviedo, la adherencia fue superior al 80 por ciento.

“Los pacientes notaron una reducción en su nivel de obsesividad. El ejercicio es parte del tratamiento global, y contribuye a la adhesión a la terapia, ya que el cuerpo en movimiento aporta un feedback positivo. El único requisito es que vayan acompañadas, lo cual añade un elemento facilitador de la socialización”.

Ejercicios funcionales para fortalecer.

Tras el entrenamiento en máquinas, los pacientes realizaron ejercicios funcionales dirigidos a fortalecer la musculatura paravertebral y abdominal. Según Margarita Pérez, de la Universidad Europea, se pautaron “tres series de abdominales al inicio en 15 segundos de isometría más 15 repeticiones y 30 segundos y 25 repeticiones al final, además de 3 series de lumbares en isometría de 15 segundos al inicio y 30 al acabar, y flexiones con la rodilla apoyada en isometría de 15 segundos y 30 segundos y 10 repeticiones al acabar”.

http://www.diariomedico.com/2013/04/01/area-profesional/entorno/ejercicio-fuerza-muestra-beneficios-anorexia-nerviosa

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